El albedo es la medida de la luz solar reflejada por una superficie sobre el total de la radiación solar recibida por esa superficie. Y como con un ejemplo todo se explica mejor, una superficie con albedo elevado (es decir, que refleja mucha radiación solar con respecto a la recibida directamente del sol) es la nieve fresca, sabemos cuánto molesta estar en la nieve sin gafas de sol, y eso es por el albedo. Por el contrario, una superficie con muy poco albedo sería el carbón vegetal. La nieve refleja la luz y el carbón la absorbe.
Pues bien, esto que parece totalmente irrelevante en materia de urbanismo, en realidad no lo es. Como bien se sabe, el cambio climático es la consecuencia de elevadas concentraciones de gases en la atmósfera, gases que tienen un potencial elevado de calentar la atmósfera (CO2 y CH4 principalmente), cuya acumulación eleva la temperatura en la atmósfera y altera el clima de la Tierra.
Pues bien, si a la emisión elevadísima que hacemos de estos gases le sumamos el incremento tremendo de superficies con albedo alto, resulta que estamos multiplicando el cambio climático con acciones que no son puramente las de emitir gases. Y, concretamente, se aumenta con los procesos de urbanización: El hormigón nuevo tiene un albedo del 55%; pero también en los procesos de desesertificación: la arena del desierto tiene un albedo del 40%; y las superficies de suelo desnudo, del 17%.
Hay superficies naturales que tienen un albedo más elevado que el asfalto, pero hay que tener en cuenta que los prados, bosques, árboles, aunque reflejan luz solar tienen la función de absorber CO2 y matener los complicados equilibrios metabólicos del planeta, mientras que el aumento de superficies con hormigón o asfalto simplemente aumentan el albedo sin tener ninguna función ecológica positiva.
Es importante pensarse dos veces el eliminar zonas verdes para echar sobre ellas asfalto y hormigón, y más ahora que ya empezamos a comprobar en nuestras carnes lo que puede llegar a ser el cambio climático si no ponemos todo nuetro empeño en mitigarlo lo máximo posible.
Por esto, en la normativas de urbanismo se debería contemplar este aspecto para tratar de no incrementar innecesariamente el albedo de las superficies urbanas y promover superficies con funciones ecológicas de mitigación del cambio climático.


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